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© Los Linderos del Fuego

A Marité

A Marité

 La tarde del 87 cambió nuestras vidas para siempre. Pasado el mediodía, mi hermano y yo almorzábamos con prisa. Con anticipación compramos las entradas para el mejor concierto de la época, Soda Stereo en el coliseo Amauta. Encontrándonos a medio camino del lugar me cercioré por octava vez si es que efectivamente llevaba en uno de mis bolsillos los boletos del recital. "Cuatro" -me dije-, todo va bien. Qué lástima que Marité (mi hermana menor) no haya podido venir". Mis padres no le habían dado permiso ya que consideraron que el concierto no era apropiado para una chica de quince años. Ella, furiosa por no poder asistir, cogió su bicicleta y se marchó a casa de una amiga de colegio, a unos veinte minutos de camino.Una vez dentro, nos ubicamos según correspondía a nuestra numeración. "Demasiado lejos", pensé, y es que efectivamente el escenario se veía reducido, alumbrado por luces de colores, gente corriendo de aquí para allá. Fue cuando entre el griterío alguien llamó a mi nombre. "¡Santiago!". De inmediato me pregunté cuántos Santiagos podrían haber en el coliseo en ese momento, relativamente cerca a mí y que tengan una hermana pequeña llamándolos insistentemente. Imaginé entonces que Marité estaría también dentro del coliseo. Se había venido con su amiga, y descubriendo mi enorme nariz entre la multitud, llamó a mi nombre. En cuestión de minutos se acercaría hacia donde estábamos, siempre y cuando los de seguridad no obstruyeran su camino. "¡Santiago!", oí una vez más. Era ella, no tenía la menor duda. Reconocería su voz entre un millón, y su particular risa entre varios cientos. El recinto comenzó a llenarse rápidamente y el espectáculo se iniciaría en escasos minutos. Obscuridad total. Los primeros acordes de guitarra hicieron estallar al público. Seguro que Marité estaría saltando sobre su asiento tanto como lo hacía Cerati sobre el escenario, pequeño para mi vista y sin pantalla gigante. Aún no daba crédito que mi hermana pudo haberme reconocido entre las miles de pancartas, cabezas y brazos en alto. Luego del concierto, aguardamos un rato en nuestros lugares por si vislumbrábamos a Marité, pero ni rastro de ella. "La veremos en casa", me dijo César.

  El viaje de vuelta parecía interminable. A duras penas el viejo autobús se abría paso entre la multitud. Llegamos a casa avanzada la medianoche. A buen recaudo guardé el paquete de cigarrillos. "No debes fumar, eres asmático", me decían, pero la verdad no me importaba demasiado. La luz de la puerta de entrada estaba encendida, señal inequívoca que teníamos visita en casa. "Qué tal, pasen, pasen sobrinos", nos dijo abrazándonos emotivamente un buen amigo de mis padres. Sus ojos estaban enrojecidos y la voz le sonó temblorosa, como dudando en decirnos algo. Ni bien avanzamos unos pocos pasos mis padres, arropados por la esposa de mi tío, salieron raudos a recibirnos. "¿Qué pasa?, ¿qué hacen aquí en la puerta?, preguntamos. Mi madre, aferrada a mi padre como una gran desvalida, trató de decirnos algo que a las justas pudimos comprender. "Tu hermana, tu hermanita", me dijo cogiéndome de la cara. "¡¿Qué le ha pasado?!, ¡¿dónde está Marité?!. Me pareció oírla en el concierto. Ya estará en camino", dije negando cualquier posibilidad de tragedia. "Santiago, César, han atropellado a Marité. Fue cogida por un carro a pocos minutos de salir", dijo mi padre llorando como nunca antes lo había visto. César preguntaba por los detalles, mientras mi madre bebía agua de azar que su comadre le daba. "Al ser las cuatro de la tarde miré tras la ventana por si veía a Marité doblar la esquina. Tu mamá no pudo aguantarse y llamó a casa de Paola. Marité no había llegado y su amiga la estuvo esperando en el patio de su casa. Salimos con Miryam (mi hermana mayor) a buscarla por todos lados. Preguntamos a viandantes, al cura de la iglesia, a alguno que otro feligrés. Oímos un ruido muy fuerte. Cuando salimos a ver qué sucedía, una niña estaba tirada en medio de la avenida, contaron. El chofer del vehículo apestaba a licor, agregó otro. Todo lo que supimos fue que el carro tenía el logotipo de un organismo oficial, y que Marité cayó a varios metros del lugar del impacto. Su pequeña cabecita fue golpeada contra el parabrisas. Dijeron algunos que se puso de pié, pero luego cayó fulminada sobre sus huesos. Estuvimos buscándola por todas las dependencias policiales y servicios de emergencias pero nadie sabía nada de ella. Al fin un policía nos dijo, sentado delante de su pupitre, que una chica muy joven yacía sobre una camilla escaleras arriba, en el área de urgencias. Miryam preguntó desesperadamente si estaba viva o muerta, pero el encargado no dijo nada. Echada, desnuda bajo unas sucias sábanas y con los ojos cerrados la encontramos. No pudimos creerlo. No a nosotros, no a ella, no a ella...", acabó por decir mi padre. "¡¿Dónde está Miryam, dónde está Miryam?", pregunté temeroso. Estaba con mi hermana menor, velando a su lado cualquier atisbo de movimiento, alguna pista que disipase la gravedad de su estado. La primera noche en el Hospital Militar fue dolorosamente interminable. Cuando recién me dejaron verla, una cortina de tul rodeaba su blanco lecho. Ahí estaba, con la clavícula rota, algunas costillas, la cadera fuera de sitio y el cerebro violentamente golpeado. "El concierto estuvo muy bueno", le susurré al oído, mintiéndole que estuve a pocos metros del escenario. Pero cuando recordé su frágil voz irrumpiendo entre la muchedumbre no pude más y eché a llorar. "Despierta, por lo que más quieras, despierta por favor", suplicaba, mientras mi padre me abrazaba, envejeciendo varios lustros de pronto. 

  Han pasado ya veinte años y mucha agua ha corrido bajo el puente. A pesar que le fue robada su juventud, aún sabe reír. A pesar que algunas amigas se alejaron de ella, es alma afable y cariñosa. A pesar del pesar, de los domingos sin nuestro padre y del hastío, Marité sigue adelante. Nos has demostrado a todos, particularmente a mí, cómo no dejarse amilanar ante las adversidades de la vida. Y sí, por supuesto que llora, como todos. Además, el dolor es inherente al ser humano, así que no debería preocuparse en exceso. Nos tiene a nosotros, unos a su lado, otros alejados por esta mala distancia. Eres un ejemplo vivo de superación, persistencia y voluntad. No importa tu hipoacusia, ni tu mal pulso, ni que no puedas nunca conducir. Te admiro por lo que tienes, no por lo que podrías haber llegado a tener. Te admiro por como eres, no por quien podrías haber llegado a ser.  

(A la izquierda mi primo Antonio, al centro Marité y yo a su derecha, con pantalones altos. Detrás el carro de la tía Maruja estacionado en el garaje de casa.  Fotografía tomada probablemente en 1974)

© 2007 Santiago Antúnez de Mayolo

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7 comentarios

ruthy -

sinceramente estoy fascinada ...tienes tanto talento , ke seguro lo sabes de memoria porque de lo deben decir todo el tiempo, muchas FELICITACIONES POR CADA ESCRITO TUYO ke es un aporte a la cultura!! ke orgullosa me siento de ke seas peruano, y ke lastima que como siempre la gente como tú , tenga que irse tan lejos para ser reconocidos!! ademas de culto e inteligente MUY GUAPO con una mira hermosa!! dulce como tu corazon!! ke Dios te bendiga siempre cada dia de tu vida en TODO LO KE HAGAS ...un gran abrazooo ...ruty

Solo_yo -

joder, me has emocionado ... muy bonito el texto i los sentimientos ... precioso.
un beso

Angeles (Mar) -

Vaya...jooooooooo, pufffff, sólo deciros que ese Amor tan grande que os une...siempre será infinito...y sip, de nuevo decirte que es un regalo el teneros el uno al otro...y Marité tiene una fuerza interior increible, luchadora y ganadora ya de por sí de la Vida...Y tú testigo y Cómplice de seguir con mucho Amor hacia delante con ella...que eso es lo que necesitamos tod@s...ese Amor incondicional ... Os deseo mucha Suerte y en especial a Tí...por Ser como eres ... ;)Tú

PD: La foto...preciosa...agradable de ver, de recordar y de sentir ... ;)

David C. -

Conmovedora historia.

Psyche -

Imagino que Marité debe estar muy orgullosa de su hermano, tanto como él de ella.
Imagino que ella también te quiere por lo que eres, y por lo que quieres llegar a ser y te hace seguir adelante...

Esa foto es realmente adorable, preciosos los hermanitos con su primo!

Un gran abrazo Santiago

Psyche -

Imagino que Marité debe estar muy orgullosa de su hermano,tanto como él de ella.
Imagino que ella también te quiere por lo que eres, y por lo que quieres llegar a ser y te impulsa hacia adelante...

Esa foto es realmente adorable, preciosos ambos hermanitos con el primo!

Un gran abrazo Santiago

Carmen -

Siempre hacia adelante Marité.

Saludos
Carmen
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